jueves, mayo 12, 2011

La mano peluda

No es lo que se imaginan. A mí eso de los fantasmas y extraterrestres me da risa. No es que dude que haya vida en otros planetas pero las historias que cuentan están muy jaladas de los pelos. Simplemente me dan risa.

Las historias de fantasmas tampoco me quitan el sueño. No pasan de algo que le pasó al primo de un amigo, que tenía un sobrino que le pasó. Los programas de casa fantasmas que pasan hasta en el Discovery Channel me dan una flojera infinita. En lo personal no me da miedo la oscuridad. Solo a darme un madrazo con una puerta por wey como me pasó a principios de año por la simple flojera de no prender la luz.

La Pato Aventura que les voy a contar no le paso al primo de un nieto, ni le paso a un amigo. Me pasó a mí. Estoy seguro que debe haber una explicación científica o tal vez fué un mal sueño pero aún así fue extremadamente real.

Resulta que en mi epoca de escolapio universitario decidí independizarme y busqué un lugar a donde vivir. Resultó que los abuelitos de mi novia, ahora esposa, estaban buscando rentar una recámara. A mi me convenía porque iba a vivir mucho mas cerca de mi novia sin tener que hacer la travesía diaria y el precio no era nada caro. A ellos les serviría porque vivían solos y ya estaban muy grandes así que en caso de alguna emergencia estaría yo para avisar a los familiares.

El único incoveniente era que llevaban un horario muy particular. A eso de las 7 PM ya estaban dormidos y a las 4:30 o 5:00 AM ya estaban de pie. Los primeros dias tuve algunos problemas para acostumbrarme pero ya después estuvo bien.

Uno de los primeros fines de semana en los que apenas estaba saliendo el sol. Desperté porque escuché que estaban abriendo la puerta de mi recámara. Entreabrí los ojos para ver quién era y vi que entraba una mujer delgada, bajita vistiendo algo azul arriba, pero no le vi la cara. Lo primero que pensé fué que era mi novia y pensé "¿Tan temprano? ¡No la chingues! Me voy a hacer el dormido para que me deje otro rato". Sentí que esa persona se acercó al lado de mi cama y se sentó junto a mí. No, no estaba soñando. La cama se hundió justo en donde estaba sentada la persona y mi cuerpo se hizo para ese lado. No tenía miedo. En ese momento sentí como esa persona se recostó sobre mi pecho y pensé - "¡Si entran tus abuelitos se van a encabronar!" - ya me iba a mover para abrazarla cuando siento que todo el peso se viene a mi pecho y algo evita que mueva las manos y las piernas. No podía abrir los ojos ni gritar. Así pasaron unos segundos hasta que pude liberarme y al abrir lo ojos, ¡Madres!, no había nadie. Ni siquiera se habían levantado los abuelitos de mi novia. ¡No la chifles que es cantada!

Le conté a mi novia lo que me había pasado y sin ponerse de acuerdo preguntó a otras dos personas que me contaran su historia. Una de ellas me describió a la misma persona vestida de azul bajando por las escaleras.

Todos coincidían que era la descripción de la bisabuela de mi esposa que siempre vestía un rebozo azul. Había vivido en esa casa. Ella era delgada y bajita. Lo misterioso del asunto es que solo la habíamos visto gente ajena. La esposa de uno de los Tios de mi esposa y otra persona que no recuerdo. Nadie me había platicado de esa historia antes de llegar a vivir ahi y nunca mas tuve ningún otro incidente.

Todavía a la fecha no sé lo que pasó. Para ser un sueño fué muy real lo que sentí. Un sueño no hace que se hunda la cama.

Esta es mi pato aventura.

La Marmota

Foto: Elenac - Flickr Creative Commons License

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